Irradia emisión del 2 de abril de 2021 Viernes Santo

Transmitido por RCJ, el Sonido de la Esperanza
Programa Radial de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba
Viernes Santo

 “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado” Mateo 27, 46

 

(Música, En la cruz murió el hombre un día, P. Jorge Catasús)

Para llegar a ti como una bendición, para abrir tus alas al amor de Dios.

Irradia. Un proyecto de la Oficina de Comunicación de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba.

Saludos a todos los que nos acompañan en este día en que venimos a compartir la fe con nuestra comunidad.

Bienvenidos a este encuentro fraternal con la iglesia toda, como cuerpo místico de Jesús.

Irradia está contigo, irradiando la fe.

 (Música, En la cruz murió el hombre un día,, P. Jorge Catasús)

En esta tarde nos acompaña el padre Rafael Ángel López Silvero, párroco de la Santa Basílica Metropolitana Iglesia Catedral de Santiago de Cuba.

Queridos hermanos y amigos, buenos días, buenas tardes, buenas noches como siempre un placer y una alegría. Los cuatro evangelistas nos han dejado escrito el Testamento de Jesús, pronunciado en las horas angustiosas del Calvario. En él, descubrimos el calor humano y divino con que fueron pronunciadas esas palabras, que tradicionalmente la piedad cristiana ha llamado “Las Siete Palabras del Señor”.

Son palabras pronunciadas con amor por Aquel que nos reveló el verdadero y pleno rostro del amor. Aquel que nos enseñó que el amor no es un sentimiento, sino alguien vivo: Dios mismo.

Dispongámonos a penetrar en estas palabras del Señor, escuchémoslas. Y más que analizarlas, conversemos sobre ellas con Jesús. Pero no fríamente como espectadores, sino como coprotagonistas del drama del Calvario.

Es conveniente, para hacer nuestros los sentimientos de Jesús, olvidarnos de nosotros mismos e identificarnos con las inmensas y angustiosas tensiones y preocupaciones que vivía en aquellos momentos, momentos cumbres de la historia, el Redentor del hombre.

Hermosa y sublime aventura la de Jesús. Hermosa y sublima la que emprenderemos ahora unidos estrechamente a nuestro Maestro y Hermano Mayor…

Primera Palabra de Jesús: En la trágica tarde del Calvario, en plena agonía, Jesús dijo:

 “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”

La primera palabra de Jesús en el Calvario es de perdón, porque he venido a perdonar, a salvar, no a condenar, a buscar lo que estaba perdido, Perdónalos. Pero no sólo el Señor perdona desde la cruz, sino que justifica, porque no saben lo que hacen, porque si supieran lo que hacen no lo harían; si supieran lo que hacen no se dejarían llevar por sus egoísmos, por sus ambiciones, por su incapacidad para perdonar, para comprender, para ayudar, para tender la mano, la única manera de hacer de este mundo, un mundo mejor. Un mundo en el que podamos vivir en paz, un mundo en el que nos sintamos y seamos realmente, hermanos los unos de los otros. Padre, perdónalos, pero perdónalos porque no saben lo que hacen, porque están tan inmersos en sus propias preocupaciones, en sus propias ambiciones, que no son capaces de ver más allá. Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen, ayúdalos para que puedan saber qué están haciendo, para que puedan ver, para que puedan comprender, para que puedan encontrar el verdadero camino.

Jesús desde la cruz, desde el sufrimiento, desde el dolor por el que está pasando se preocupa, no por sí mismo, sino por nosotros, quiere abrirnos el camino, quiere ayudarnos a seguir adelante, quiere que aprovechemos esa salvación que, a tan alto precio, él ganará para nosotros desde la cruz derramando su sangre, entregando su vida.

Por eso, en primer lugar, démosle gracias, porque el Señor ni en la cruz se olvida de nosotros. Fue a la cruz por nosotros, y allí nos tiene presentes, perdónalos. Pero también porque desde la cruz nos justifica, porque no saben lo que hacen. Ayúdanos Señor, para poder comprender, para poder saber, para poder aprender.

(Música, Perdona a tu pueblo Señor, Arasay Machirán)

Segunda Palabra de Jesús: En la tarde angustiosa del Calvario. Jesús dijo al ladrón que estaba clavado a su lado:

“Hoy estarás conmigo en el Paraíso”

No solo Jesús nos perdona, no sólo Jesús nos justifica, sino que nos abre también las puertas de la vida Eterna. Uno de los ladrones le dice: Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino. Jesús le responde lo que quizás él no esperaba: Hoy estarás conmigo en el Paraíso. Este hombre ha comprendido, que está allí en el sufrimiento, en el dolor, por sus propias culpas, pero Jesús no; y por eso se acerca a Él, se atreve a pedirle que lo lleve con él, al lugar a dónde él va. Y Jesús no lo defrauda: Hoy estarás conmigo en el Paraíso.

Basta que comprendamos nuestros pecados, basta que comprendamos que nos hemos equivocado, que hemos tomado el camino que no era, para que el Señor derrame sobre nosotros su misericordia, para que el Señor abra su corazón, para que el Señor abra para nosotros las puertas de la vida eterna.

Por eso pidámoslo así, Señor que como el buen ladrón también nosotros comprendamos que hemos pecado, que nos hemos equivocado, que nos hemos apartado de ti, pero deseamos estar contigo, deseamos que Tú nos lleves al lugar a dónde tú vas. Que podamos decirte llévame junto a ti al descanso eterno, llévame junto a ti a tu Reino, y que podamos escucharte decir, Hoy estarás conmigo en el Paraíso.

(Música, Este es el día del Señor, Arasay Machirán )

Tercera Palabra de Jesús: En la tarde trágica del Calvario… María, la madre de Jesús está a los pies de la cruz. Como en Caná de Galilea, la Virgen está asociada a la misión de su Hijo. La profecía de Simeón resuena en sus oídos. Sí, ahora la comprende: Una espada de dolor te atravesará el alma. En medio de sus lágrimas meditará como siempre y guarda silencio. Sus ojos se encuentran con los ojos vidriosos de su hijo. Él le habla:

 “Mujer, ahí tienes a tu hijo”

Juan, el discípulo que tanto quería Jesús, se estremece. Jesús lo mira a él, y sus palabras son muy claras:

“Ahí tienes a tu Madre”

Jesús no sólo perdona, perdónalos Padre. No sólo nos justifica, porque no saben lo que hacen. No sólo nos abre las puertas de la vida Eterna cuando reconocemos sincera y humildemente nuestros pecados, hoy estarás conmigo en el Paraíso. Jesús nos deja un regalo que no esperábamos, nos deja a su Madre, ahí tienes a tu Madre. En la persona de Juan nos deja a su Madre como madre nuestra, para que nos acompañe, para que nos lleve de la mano, para que nos ayude a no apartarnos del camino. Para cuando perdamos el camino, cuando lo perdamos a Él que es el camino, la verdad y la vida, ella nos ayude a encontrarlo de nuevo, ella nos ayude a ir donde él.

Que nosotros Señor, como Juan, seamos capaces de acoger a tu Madre como madre nuestra, acogerla en nuestra vida, acogerla en nuestra casa. Ella que no tuvo reparos en aceptarnos a nosotros pecadores, que te llevamos a la cruz, como hijos suyos, seamos nosotros capaces de acogerla como Madre; para que nos acompañe, para que nos ayude, para que nos consuele, sobre todo para que con Ella aprendamos a hacer siempre la voluntad de Dios. Que, como ella, seamos capaces, de aquello que no comprendemos guardarlo para meditarlo en nuestro corazón, sabiendo que todo tiene una respuesta. Que, como ella, también seamos capaces de decir, hágase en mí según tu palabra, y asumir todo lo que esto significa hasta el final, sin desdecirnos, sin apartarnos, sabiendo que nuestra Madre estará siempre ahí, para darnos la mano.

(Música, Somos un pueblo que camina, Arasay Machirán)

Cuarta Palabra de Jesús: La agonía del Señor por momentos es más cruel. Sus labios resecos murmuran:

“Tengo sed”

Señor Jesús, muchas veces nos han dicho que tenías sed espiritual, no física. Yo creo que tenías las dos. Tanto una como la otra son desesperantes. Necesitabas tomar agua y agua fresca, pues tus labios ardían.

Sentiste la sed que tantos hombres y mujeres, a lo largo de la historia, han sentido, sienten y sentirán. La sed que quema los labios, que casi no nos deja hablar.  Y también la sed espiritual, moral: sed de justicia, sed de libertad, sed de comprensión…

Eres también humano, Divino Jesús.  Eres uno de los nuestros.  Tienes nuestra sed.  Compartes nuestros anhelos. Nuestros más legítimos anhelos, ahogados con amargo vinagre por culpa de los poderosos de este mundo…

(Música, A ti levanto mis ojos, Arasay Machirán)

Quinta Palabra de Jesús:   La agonía se acerca a su fin. Jesús ora.  A su mente vienen palabras de un viejo Salmo. Trágica Oración de un hombre que se ha sentido abandonado, que ha sentido la más terrible de las soledades: 

“Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?”

Jesús, sufriste la sed y sufriste la más amarga experiencia humana:  la soledad vacía y el vacío de la soledad.

¡Qué humano eres Jesús!  Eres realmente de los nuestros.  ¡Qué cercano te siento ahora! Yo también me he sentido solo, sola. En esa terrible situación en que se experimenta incluso la ausencia de Dios; tu ausencia, Señor. Esos momentos inexplicables, esas sospechas torturantes, esas esperas desesperantes, esa sensación de que todo lo que me rodea se ha quedado sordo: ¡sordo a mis gritos! Amarga experiencia humana.

No permitas, Señor, que en momentos así. te olvide. Y, ¡por favor!, NO ME 0LVIDES TÚ.

(Música, Sí, me levantaré, Arasay Machirán)

Sexta Palabra de Jesús: La tarde angustiosa del Calvario es por momentos más trágica. Todo está oscureciendo. Y Jesús exclama:

“Todo se ha cumplido”

Señor, has llegado hasta las últimas consecuencias del Amor. Has hecho realidad concreta en ti mismo tus propias palabras:  “Nadie tiene mayor amor que éste de dar uno la vida por sus amigos”.

Nos amaste hasta el extremo. Se ha cumplido todo. Con tu muerte: has vencido el dominio del pecado y de la muerte, has liberado al hombre de la más cruel atadura, has restaurado la condición humana, has abierto la puerta del cielo a toda la humanidad. Has triunfado, Señor, con este rotundo fracaso humano. Incomprensible para muchos. Necio para otros. Pero esta es tu Sabiduría, la sabiduría de Dios.

Necesitamos tu fuerza Señor. Esa fuerza que brota del fracaso para poder llegar a nuestra agonía y decir como tú: “Todo se ha cumplido”.

(Música, Victoria tú reinarás, Arasay Machirán)

Séptima Palabra de Jesús: El momento cumbre ha llegado.  Y Jesús, dando un fuerte grito dijo:

 “Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu”

En manos del Padre te has entregado, Señor.  De ese Padre amoroso y Misericordioso que nos diste a conocer y nos enseñaste a amar. Ese Padre dispuesto siempre a acogernos con fiesta como a hijos pródigos. Al Padre Celestial tuyo y nuestro.

Sí, porque nos enseñaste a orar diciéndole: “Padre nuestro”. En las manos de ese Padre bueno has entregado tu vida. Tus fatigas a través de pueblos y ciudades enseñando a amar, a perdonar. Tu comprensión hacia los marginados y hasta perseguidos por la sociedad (por los que hacen mal uso del poder político recibido de Dios).

Tu séptima palabra ha sido rubricada por tu último suspiro. Tu “fracaso” humano ha concluido. Sí, el fracaso humano de Jesús de Nazaret concluyó en ese momento cumbre de la historia. Y el Padre, en ese mismo momento, convirtió ese fracaso en triunfo divino: El velo del Templo se rasgó en dos partes de arriba abajo. El centurión romano exclamó:  “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”.

En esta tarde, Cristo del Calvario,

vine a rogarte por mi carne enferma;

pero, al verte, mis ojos van y vienen

de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza. 

¿Cómo quejarme de mis pies cansados,

cuando veo los tuyos destrozados?

¿Cómo mostrarte mis manos vacías,

cuando las tuyas están llenas, llenas de heridas?

 ¿Cómo explicarte a ti mi soledad,

cuando en la cruz alzado y solo estás?

¿Cómo explicarte que no tengo amor,

cuando tienes rasgado el corazón?

 Ahora ya no me acuerdo de nada,

huyeron de mí todas mis dolencias.

El ímpetu del ruego que traía

se me ahoga en la boca pedigüeña.

 Y sólo pido no pedirte nada,

estar aquí junto a tu imagen muerta,

ir aprendiendo que el dolor es sólo

la llave santa de tu santa puerta. Amén.

(Música, Bendito seas Jesús, Tony Rubí)