Antonio
Gumersindo Garay y García, es el admirado cubano Sindo Garay, un símbolo sin dudas de la música y la cultura
cubana
que, considerado uno de los
trovadores de más larga vida, 101 años

tiene una alta dosis de responsabilidad en el camino del lirismo que
tomó la trova cubana y por el que aún viaja.

Impresiona que un hombre
absolutamente desconocedor de la técnica musical académica, pudiera ser capaz
de componer y conmover como el mayor erudito, conocedor también de los recursos
interpretativos de la guitarra
, instrumento que empezó a tocar desde
niño,   y que le prestaba Pepe Sánchez,
ese otro inmenso músico cubano, el padre del bolero; su primera guitarra la
tuvo Sindo a las 16 años como regalo de su hermano, y fue el instrumento que
nunca abandonó hasta su muerte.

Noel
Nicola, (La Habana, 1946 – 2005), fundador del Movimiento de la Nueva Trova,
heredera indiscutible del juglar santiaguero,  
reconoció la valía indiscutible del talento natural de Sindo Garay y su vasta «sensibilidad y capacidad para
sintetizar y reelaborar hechos sonoros;
pudo, desde su “analfabetismo
musical” hacer las cosas que hizo, cosas que aún nos sorprenden y que nos hacen
concluir que tenía que ser lo que fue: un auténtico genio».

El
legendario compositor confesó en el
libro Memorias de trovador, que le
dictó a su amiga, la cantante Carmela de León, que la música comenzó a brotarle «con pasmosa facilidad, como si estuviera
lleno de ella y se me desbordara»,
y en muchas ocasiones el músico
autodidacta jaraneó con este asunto, pues decía que su propio nombre era
símbolo de su ignorancia musical: Sin-Do, y que sin Do componía. 

Nació el bardo el 12 de abril de
1867 en Santiago de Cuba
, en una casa donde faltaba el dinero pero
sobraba la música y la poesía. El futuro trovador dormía escuchando La Bayamesa, de Carlos Manuel de Céspedes, Francisco
Castillo y José Fornaris, en la voz de su madre, y esto parece haber sido
definitorio, no solo porque en 1918, escribió para la eternidad, Mujer Bayamesa, posiblemente su canción más
conocida
, sino porque su repertorio todo estuvo marcado por aquella pieza
fundacional de la música y la cubanía.

Igualmente
La Bayamesa de sus sueños infantiles, le influyó seguramente en su actitud al
lado de los que batallaban por la independencia de Cuba; en numerosas ocasiones sirvió de correo entre los patriotas que se
enfrentaban en la Guerra de los Diez años a las hordas coloniales;
en estos
momentos tuvo doble valor, pues se conoce que cruzó a nado, siendo casi un niño, catorce veces la Bahía de Santiago
de Cuba, custodiando importante información de los planes del Mayor General
José Maceo
(Santiago de Cuba, 1849-1896).

Es
que todo indica que Sindo fue un hombre valiente
y quizás por eso vivió tantos años, —hay que ser intrépido para mantenerse
tanto tiempo en la vida—; el músico extraordinario fue acróbata  y trapecista, y
cuando aquello no habían redes protectoras que esperaran a los cirqueros en una
probable caída el vacío desde la cuerda floja.

Autor de más de 600 hermosas piezas
musicales, en su mayoría trovadorescas
, pero    asimismo  
canciones, criollas, guarachas, en todas exhibió una gran libertad
rítmica, y un estilo personal, reconocible; sus obras han sido consideradas por acreditados críticos como lecciones
de armonía y composición
, y se ha reconocido ampliamente, además, su increíble capacidad como creador.

La cubanía y el amor, ambos en extenso
espectro, son sus dos más grandes temas
; entre sus cientos
de composiciones, todas de impresionante belleza poética, las más cantadas,
versionadas y recordadas son la ya mencionada   Mujer
bayamesa, , La tarde, Amargas verdades, Guarina, Rendido, Labios de grana,
Clave a Maceo, Retorna, La baracoesa, Adiós a La Habana, La alondra, El huracán
y la palma, Rayos de oro, Tardes grises, Ojos de sirena, Cualquier flor, y
Tormentos fieros, Retorna y Perla marina,
un sublime  poema musicalizado: «Perla Marina,/
que en hondo mares/ vive escondida /entre corales.  /Celaje tierno/ de allá de Oriente/ tierna
violeta/ del mes abril.»
 

Durante su larga y prodiga vida,
Garay pudo conocer a muchas importantes personalidades
; siendo  un niño, a  Guillermón
Moncada
, ( Santiago de Cuba, 1841-1895),
uno de los 29 generales del Ejército Libertador cubanos;   el gran
violinista Brindis de Salas, (La
Habana, 1852 – Buenos Aires,  1911); el
importante periodista y revolucionario Julio
Antonio Mella
(La Habana, 1903 – Ciudad de México, 1929) y a José Martí, Apóstol de la independencia
de Cuba., a quien encontró en 1895 en Dajabón, provincia de Santo Domingo;
sobre  sus impresiones del Maestro,
narraba Sindo:

 «Tenía
una voz fuerte, gruesa, como de barítono, muy penetrante
. Hablaba despacio,
pausadamente, como si pensara muy bien lo que iba a decir antes de hablar. Me
emocioné oyéndolo. Después de arengar a los cubanos, unos 150 hombres más o
menos, se despidió. A punto de
marcharse, me acerqué a él y le di la mano».

El 17 julio de 1968, falleció uno
de los más grandes rapsodas de la trova cubana, y sus     restos fueron enterrados en Bayamo, donde
nació la canción con que aprendió a dormir.

Tuvo el funeral que pidió; la
popular cantautora Teresita Fernández (Santa Clara, Villa Clara, 1930-La
Habana, 2013) evoca así sus honras fúnebres: « Le hicimos guardia de honor con las guitarras en un excepcional velorio donde se
bebió ron, se fumaron tabacos y se cantaron canciones ininterrumpidamente
(…)
en  
el cementerio cantamos las notas de La Bayamesa como si fuera un himno».

 Sindo nunca dejó de ofrecer, a pesar de su grandeza artística, la imagen de hombre humilde, sencillo y noble, de trovador que cantó a la vida mientras la hacía, pues no era un simple contemplador, era un guerrero, y entre sus grandes contribuciones destaca la autenticidad de su legado para la consolidación de la cultura y la identidad cubanas.

Texto: Redacción Bienvenidos

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Author: Editor_Isa Bienvenidos

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