En la Plaza Aguilera, el segundo espacio público en importancia de la ciudad de Santiago de Cuba, y a la vista de todos, sorprende el ir y venir de jóvenes que, cumpliendo con las medidas de aislamiento y protección por la Covid 19, poco a poco van transformando la imagen de un antiguo inmueble de la urbe.

Se trata de una de las dos edificaciones que, encontrándose en este espacio, tienen la singularidad de estar coronadas por un balconaje colonial: la primera es el antiguo bodegón, importante restaurante, y la otra es el inmueble que está justo al lado, en la actualidad objeto de restauración por parte de profesores y alumnos de la Escuela Taller Ugo Luisi, perteneciente a la Oficina del Conservador de la Ciudad (OCC).

A decir de Omar López, director de la OCC, es importante señalar que estos dos inmuebles, unidos, es el único ejemplo que queda en la ciudad de dos balconajes corridos, a lo largo de su fachada, porque hay ámbitos donde hay uno frente al otro, pero aquí, en la Plaza Aguilera, están continuos, regalando una imagen preciosa de lo que pudo ser la arquitectura más elaborada del período colonial.

Según indican las investigaciones arqueológicas e históricas, está edificación –situada frente a la Plaza Aguilera–, data su fecha de construcción de inicios del siglo XIX, y posee muchos elementos del clasicismo.

“Es portador, por ejemplo, de un elemento importante: el barrote decorativo, que es un componente de la herrería santiaguera, único porque era una manera diferente de hacer la herrería donde el barrote es inciso, con una forma rómbica, propia del neoclasicismo, y que se traslada como barrote a lo largo de toda la fachada en la balconadura, también aparece en ventanas interiores…”, señala López.  

Añade el director fundador de la OCC, también sobre esta edificación, que la planta es muy singular porque todo parece indicar que tenía forma en L “aunque pudo asumir una edificación, aún más antigua, que se encuentra en el fondo, y en ella hemos encontrado huellas arqueológicas que apuntan a que era mucho más antigua”.

La historia apunta a que en esta vivienda estuvieron importantes familias, entre ellas la del patriota Francisco Vicente Aguilera, hasta se comenta que fue visitada por un Capitán General de la Isla, y es que su ubicación en un lugar tan prominente, le daba cierta elegancia.

“La casa tuvo diferentes usos. Cuando termina el período colonial pasa a ser una casa de huéspedes que tuvo como consecuencias adecuaciones en el inmueble. Posteriormente, diferentes familias en la búsqueda de comodidad, crearon baños, cocinas, que deterioraron la casa, y así llegó a nosotros en una situación de calamidad absoluta”.

Un edificio abandonado cerca del corazón de la ciudad… pero con potencial

Ese es el sentir de los especialistas de la OCC: entre árboles que desfiguraban el antiguo inmueble, el deterioro, la podredumbre y el abandono, ellos ven potencial.

Según Omar López, conservador de la ciudad, “la antigua casona es una joya que hay que pulir”, y uno no puede hacer otra cosa que no sea imaginar esta edificación remozada, reverdecida, y poseedora de alguna función, que bien podría ser cultural, que invite a recorrer sus amplios salones.

La idea, sin dudas, seduce.

Y es por ello que proyectistas, inversionistas, arqueólogos, profesores y alumnos de la Ugo Luisi, y muchos más especialistas, han convertido esta edificación, el sueño de lo que puede ser, en uno de los proyectos más importantes de la OCC en la actualidad.

“Es una obra escuela”, afirma López y agrega “en tiempos de pandemia, es una obra donde los alumnos de la escuela taller Ugo Luisi puedan poner en práctica sus enseñanzas, acatando todas las medidas de protección y de distanciamiento”.

Uno de los salones principales de la antigua edificación se ha convertido es un aula donde aprenden no sólo los alumnos, sino también los profesores y otros especialistas. Aquí Omar López ha vuelto a tomar la tiza para mostrar, in situ, elementos palpables de la arquitectura y construcción tradicional cubana. Le siguen también otros profesionales de la OCC devenidos maestros.

“El edificio tiene la esencia de la arquitectura tradicional santiaguera. Aquí están muchos de los componentes esenciales que, asimilados, le van a permitir al estudiante hacer la labor que se requiere en los muchos edificios antiguos de la urbe”.

De la obra se extrajeron más de 50 camiones de escombro y basura. Los alumnos están inmersos ahora mismo en la eliminación de las plantas parásitas. Además, apuntalan las estructuras para posteriores labores en la segunda planta y cubierta, a la vez que se realizan las instalaciones eléctricas que demanda la obra. También preservan y restauran los elementos de herrería.

La idea es que todos los alumnos de la Escuela Taller trabajen en la obra, pero trabajando cuando sea necesario, en los momentos que se requiera. Esa es la manera en que ellos laboran, aprenden y a la vez mantienen el aislamiento.

Los futuros albañiles, carpinteros, electricistas, herreros… son los principales protagonistas de días de trabajo en una ciudad que hoy se mueve más lento como consecuencia de la Covid 19. Quienes no están al pie de la obra, reciben clases en el aula taller.

De esta manera fundamentan el viejo slogan de la Ugo Luisi: aprender haciendo, para saber hacer y saber ser.

“Trabajar en la obra, recibir clases en el aula, hacen que los futuros especialistas de la conservación del patrimonio reciban un aprendizaje desde el conocimiento. La propia obra es una enseñanza directa para los estudiantes”, sentencia López.

Para el feliz término de esta obra, que por sus dimensiones y complejidad es de grandes dimensiones –y que desde una mirada simple a la fachada no se llega a advertir cabalmente–, señala el conservador que se requerirá apoyo del gobierno local, provincial, de la colaboración internacional, porque este edificio será importante para la ciudad pues se incorporará un contenido que será esencial para la cultura santiaguera.  

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Author: casadranguet

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