Por Lil Rodríguez en https://www.telesurtv.net/

Se cumplen 119 años del natalicio de quien tiene en su haber la picardía que le dio carta de identidad a la guaracha. Santiaguero de nacimiento, Ñico Saquito desarrolló entre Venezuela y Cuba su revolución musical.

Se cumplen 119 años del natalicio de quien tiene en su haber la picardía que le dio carta de identidad a la guaracha. Santiaguero de nacimiento, Ñico Saquito desarrolló entre Venezuela y Cuba su revolución musical.

Es uno de los más asombros músicos cubanos de todos los tiempos. No hay exageración en el dato. Antonio Fernández, Ñico Saquito, es considerado el padre de uno de los más contagiantes ritmos de Cuba para el mundo: La Guaracha. Y si para muchos el Son es lo mas importante de la Salsa, e incluso lo único, para otros la Guaracha tiene puesto relevante. No es para menos. En la mas fresca situación de crónicas y situaciones cotidianas  de esas a las que se saca punta la Guaracha brinda un sello determinantemente argumental: ese es el de la picaresca, el de la chanza, el de la sabrosura, del doble sentido característico de los pueblos del Caribe.

Sabrosa y pícara, pero nada fácil, la Guaracha es emblema musical que se mece, como buena palmera, bajo los cielos mestizos. Tiene sus representantes, y tiene su historia. Ñico Saquito hace parte sustancial de ella.

Ñico

Si Benito Antonio Fernández Ortíz, nació en Santiago de Cuba, ya era de esperarse  un músico o un revolucionario. Fue las dos cosas. Que la fama de Santiago de Cuba, ciudad bañada completamente por el Caribe, no es gratuita. Nació el 17 de Enero de 1902. Aunque algunas  fuentes indican que nació 13 de febrero de ese año, nos guiamos por los datos aportados por el investigador Helio Orovio, por la revista Bohemia cubana y por la Biblioteca Nacional de Cuba. Y habiendo nacido en 1902 se encontró desde la infancia con la Trova Tradicional y un ambiente de guitarras por todas partes.

Trabajador desde niño, sino inconfundible de los músicos populares, Antonio, al que le decían “Ñico” se hizo en plena adolescencia mecánico-fundidor. Le gustaba la música y sobre todo le gustaba mucho improvisar sobre la base de las conversaciones y chistes callejeros que escuchaba. A los 15 años ya estaba estudiando guitarra porque quería decir cantando el resultado de sus improvisaciones.

Además de la música era un real apasionado de la pelota. En esto no era nada original, pues en todo cubano hay un amante del deporte, pelota primero. Mucho antes de que rompiera el siglo XX ya en Cuba había pelota organizada. Y antes de la pelota organizada en Estados Unidos, Ya Cuba tenía Béisbol profesional.

Ñico, al salir por las tardes del taller donde trabajaba con su saco o chaqueta al hombro  se iba a buscar a los trovadores o se iba a ver a los peloteros. Una vez alguien dijo, refiriéndose a él, por lo del béisbol, “Ñico, el del saquito” , porque, decían, agarraba muchas pelotas, y así se quedó: Ñico Saquito. Practicaba béisbol con la misma fuerza con que le metía a la guitarra, pero al final ganaron las cuerdas y así, la década de los veinte lo sorprendió como integrante del cuarteto “Castillo”.  Antes coqueteó con un grupo fundado  y disuelto por él casi inmediatamente.

Con todo y gustarle también su oficio de mecánico-fundidor lo fue dejando poco a poco para llenar las horas de guitarra y canciones e ingresar al mundo de la vida nocturna, con los muchachos del “Castillo”.

Toda la década de los treinta la pasó Antonio Fernández con el cuarteto “Castillo” de Santiago de Cuba. Y del grupo salió porque se le ocurrió, como a muchos músicos de entonces, ir a probar fortuna en La Habana. Se enroló en el Grupo Típico Oriental, y ¡a viajar se ha dicho!.

¿Y qué se encontró? Se encontró con una década de los cuarenta altamente competitiva y rítmica, con Conjuntos, Orquestas, Bandas, Septetos, Sextetos, Tríos. Y  Matamoros prácticamente mandando. No le gustó mucho el asunto y  a pesar de que se montaban sobre el escenario del cabaret  Montmartre, se devolvió para Santiago, donde, de velorio en velorio, de calle en calle y en los juegos de pelota recababa la fuente de su gracia.

Finalizando la década de esos competitivos cuarenta, Ñico funda “Los Guaracheros de Oriente”, originalmente un trío, luego un quinteto, que presentaba un detalle original: La primera voz no tocaba maracas o claves. Félix Escobar tocaba pailitas, y éstas le daban  una sonoridad distinta al grupo.

Ñico Saquito emprende otra vez el viaje hacia La Habana y se presenta en diversos locales nocturnos, además de contar con espacios radiales. Y es la radio en ese momento la que va a jugar un papel muy importante en la vida y obra del santiaguero

La protesta

Algunos temas de Ñico fueron interpretados en un comienzo por Servando Díaz, quien con un trío bastante versátil se apoderó  de la preferencia del público gracias al repertorio que Ñico Saquito compone. Cristóbal Díaz Ayala dice en su libro “Del Areito a la Nueva Trova” que la audiencia esperaba con fervor los temas de Saquito, quien se metía con todo de tan buen reportero musical que era. Sobre todo se metía con el gobierno. Ñico, por su parte, llega a La Habana nuevamente y también se instala en la radio llegando a tener programas en la RHC Cadena Azul y  luego en Radio Cadena Suaritos. Hizo gala de su humor y de su picardía y a ésta la comenzó a perfeccionar hasta llegar a límites extraordinarios. Ñico tejía verdaderas obras para meterse con el gobierno, con diversas instituciones y hasta con los artistas de la farándula de entonces. Hacía una manchetas, al estilo de Joseíto Fernández, el gran intérprete de la Guantanamera, que causaron furor.

Ñico siempre fue un rebelde. Su vida era la práctica suprema de la rebeldía. No en vano era santiaguero, de tierra caliente, de historia, de tabaco, de ron. No congenió nunca con los políticos de su tiempo, pero le interesaba la política tal y como se comentaba en la calle, Corte Suprema que juzga por los hechos.

Antonio Fernández llegó a Venezuela desde La Habana con sus Guaracheros de Oriente. Era una gira que duraría diez días. Y si bien es cierto que estaba buscando oxígeno para su música, uno queda libre de pensar que también estaba buscando oxígeno para sus ideas y protestas. De todas formas la Venezuela de los años cincuenta no distaba mucho en situación política de su Cuba natal.

Se quedó en Maracaibo, ciudad que no tiene bahía pero tiene lago, que posee el mismo calor de Santiago y el mismo espíritu bullanguero de su tierra natal. Se quedó casi diez años.

Maracaibo lo recibió con muestras de hospitalidad y así lo trató siempre. Hay evocaciones marabinas de un Ñico con su saco siempre a la espalda, sin ponérselo. Lo evocan menudo y con sus eternos lentes de montura de carey. Se presentó en programas de radio y en locales nocturnos, se codeó con la musicalidad marabina, y se sintió a sus anchas. Particularmente se recuerda su paso por Radio Catatumbo, cuando la estación estaba ubicada en  la calle Ciencias, en el local de “La Suiza”, una tienda de dulces.

Sus músicos regresaron a La Habana y cuando algunos de ellos se fueron de Cuba al triunfo de la revolución, Ñico regresaba a su tierra. Sus ideas habían triunfado. No hay que olvidar que Venezuela desarrolló un vigoroso movimiento de solidaridad con Cuba una vez que cayó la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en 1958. No es difícil imaginar a Ñico enrolado en la campaña “Un bolívar para Cuba”. Tampoco hay que olvidar que, como consecuencia de ese afecto ancestral entre ambos pueblos y de la mencionada solidaridad, Venezuela fue el primer país visitado por Fidel Castro luego del triunfo del movimiento “26 de Julio” que tantos activistas tuvo en territorio venezolano.

En Maracaibo trabajó también en un taller mecánico. No había olvidado lo aprendido en su adolescencia y a mas de un marabino de postín le arregló el auto. Tuvo la posibilidad de compartir gratos momentos con musicos de la talla de Daniel Santos, Juanito Arteta y Miguelito Valdéz, quienes tuvieron paso largo por la urbe petrolera. También el gran compositor zuliano Rafael Rincón González fue su amigo y dejó pistas en torno a la influencia que tuvo Ñico sobre la posterior guaracha  marabina. En Maracaibo dejó una huella profunda que aún se nota en el ambiente guarachero de la capital del petrolero estado Zulia. El Super Combo “Los tropicales”, “Los Imperial’s”, “Los Master’s”, Emir Boscán y Los Tomasinos, y “Los Blanco” pueden dar fe de lo que significó Ñico Saquito para su música.

Ñico, ya en Cuba, no tuvo problemas para retomar su puesto emblemático de cubanidad. Su paso por la “Bodeguita del medio” fue sencillamente antológico. Su guitarra, su sonrisa, sus temas pícaros más nunca vulgares hicieron delirar a muchos cubanos y extranjeros que sabían que ese local era sitio obligado de visita, por muchas razones, Ñico incluido.

Iba y venía: Santiago y La Habana acaparaban su inspiración. La calle era el papel donde escribía y muy diversos locales el escenario de su proceso creativo, tan particular y necesario.

Ñico Saquito nunca se fue de Cuba. Ofrecimientos y tentaciones fueron y vinieron. La danza de los millones crecía como oferta porque si Ñico se iba de Cuba la guaracha se iba con él. Fueron inútiles los intentos de comprarlo.

Falleció el 4 de Agosto de 1982 en su tierra natal, Santiago de Cuba, tal y como lo había expresado siempre. El pueblo y los músicos a la vanguardia le acompañaron entonando las guarachas que, salidas de su talento, le han dado la vuelta al mundo mas de una vez.

La obra

Como Benny Moré, Sindo Garay y muchos mas, Ñico Saquito nunca estudió música.

En la etapa en que se desenvolvió su adolescencia, mal tenía acceso al trabajo como para pensar en tener acceso a la Academia. No le hizo falta. El mayor valor de su obra reside en lo testimonial, y esa vena no se adquiere con estudios sino con sentimientos. La gracia de la canción criolla, la fuerte influencia de la Trova Madre (Garay, Corona, Villalón y Ruiz) y la situación social y política de su patria fueron los ingrediente que en Antonio Fernández se combinaron para la gloria.

Los temas de Ñico, llenos de picardía, siguen siendo objeto de estudio junto a los de otro coloso de la guaracha cubana como es Faustino Oramas, “El Guayabero”.

Ñico Saquito hizo del doble sentido en la música popular un arte de importantes dimensiones  enarbolando el sentido de lo que es ser caribeño sin trampas ni dobles caras, que a todos  gusta el chiste y el contraste.

Muchos afirman que “María Cristina” es obra de Ñico y no lo dudamos. Pero en este caso concreto la génesis estuvo en unos versos anónimos que los cubanos cantaron durante la Guerra de Independencia de España, cuando Alfonso XIII , hijo de Alfonso XII y María Cristina, archiduquesa de Austria, reinó primero bajo la regencia de su madre, pues era un niño cuando subió al trono de España. Sería mayor de edad en 1902 . Es decir, los patriotas cantaban versos contra María Cristina, la Regenta, la que los quería gobernar. Y no solo era un asunto político. Había machismo también. Ñico Saquito, patriota también, retomó los versos e hizo de ellos un clásico de la guaracha.

Otro tipo de picaresca en la obra del santiaguero puede apreciarse en “Compay gallo”, tema que, según el propio Ñico compuso a partir de un cuento de velorio según el cual encerraron a un loro en un gallinero y el gallo del lugar ( ley natural) lo buscó para “montarlo”. “Aquí donde usted me ve, yo tengo mi periquita ( dijo el loro), busque usted su gallinita, que esas si son para usted”.

Los temas mas famosos de Ñico Saquito son “María Cristina” , “Compay gallo” , “La negra Leonor” , “No dejes camino por vereda”, ”Adios compay gato” , “Chencha la gambá” , y “Al vaivén de mi carreta” , entre otros.

En la última  canción que compusiera y grabara tocando él mismo su guitarra, dijo, con voz emocionada, que cuando muriera lo sepultaran en Santiago de Cuba y que en su caja pusieran una botella de ron, y unos tabacos. Y reiteró que en su querido Santiago, cuna de Mariana Grajales quería morir. Su voluntad fue cumplida.

Ñico Saquito merece mucho estudio y homenajes. Es uno de los pilares de esa gracia de lo criollo caribeño que no debe morir.