Acabo de leer la reflexión que Gilberto Santa Rosa hizo el 5 enero 2016. Es tan magistral que quiero traerla a nuestras páginas. Ya lo admiraba como músico pero ahora además quiero destacar su inteligencia e imparcialidad como persona. Me quito el sombrero ante usted MAESTRO GILBERTO SANTA ROSA

Antonio Mora Ayora

Esta mañana desperté viendo la noticia o, más bien, un recuento del desarrollo de las nuevas relaciones entre Estados Unidos y Cuba y cómo las mismas han ido avanzado.

Viendo las imágenes y escuchando la información, me puse a pensar que Cuba y Puerto Rico, curiosamente, han mantenido su relación a través de la música más allá del bloqueo impuesto por el gobierno de Estados Unidos desde los años sesenta.

Algunos artistas nuestros, por ejemplo, Lucecita Benítez, Danny Rivera y Andy Montañez, entre otros, fueron pioneros visitando Cuba para los años setenta manteniendo por medio de la cultura el puente de comunicación abierto entre las dos Antillas. Estos grandes artistas nuestros fueron duramente criticados e inclusive vetados por haber visitado la Isla.

Como diría Ismael Miranda en su canción, La cosa no es como antes. Varios artistas han visitado la Antilla Mayor llevando su arte a nuestros hermanos cubanos en un ambiente mucho más liviano y podríamos decir que hasta simpático.

El Banco Popular de Puerto Rico presentó su especial de Navidad con este tema, logrando unas exquisitas colaboraciones artísticas entre artistas cubanos y boricuas (curiosamente, ni Lucecita, ni Andy, y tampoco Danny, participaron del mismo)

Para nosotros los “salseros” la música cubana ha sido materia prima. Si bien es cierto que el sonido, carácter y personalidad musical del género se creó en Nueva York, también es totalmente cierto que los ritmos utilizados en la creación del mismo son los ritmos básicos de la música cubana en sus diferentes manifestaciones, siendo el son (según mi criterio), el padre de todo este desarrollo.

La figura del maestro Arsenio Rodríguez emerge en medio de tantos nombres importantes por ser considerado el primer conjunto que junta la tumbadora (conga) y el bongó para darle más fuerza y sentido bailable al son tradicional.

De ahí nace todo. Los músicos y cantantes puertorriqueños residentes en la ciudad de Nueva York participaron y tuvieron mucho que ver con el nacimiento de eso que a finales de los sesenta llamaron salsa.

En Puerto Rico las orquestas de música bailable como El Gran Combo, La Sonora Ponceña, La Orquesta Panamericana, Mario Ortiz, entre otros, mezclaban en su repertorio música cubana. Por ejemplo: son, guaracha, mambo, chachachá, con música bailable puertorriqueña como la bomba, la plena, aguinaldos y seis, siguiendo así la modalidad impuesta por el maestro Rafael Cortijo.

El son cubano siempre mantuvo su presencia y a medida que Cuba se fue alejando de nuestro panorama musical, el son se fue quedando como línea de comunicación a través del tiempo, y por encima de cualquier consideración política.

Muchos artistas entre los que humildemente me cuento, nos mantuvimos grabando versiones salseras a nuestro estilo de sones cubanos; algunos, modernos; otros, tradicionales.

Curiosamente, en ese intercambio espontáneo algunos artistas cubanos a su vez versionaron música naturalmente salsera creando su sonido de la salsa (que no es lo mismo que el son).

La controversia es la de nunca acabar, pero lo importante es que los músicos y cantantes cubanos, así como los boricuas, han continuado trabajando en el desarrollo de su música en un ambiente de camaradería y respeto. A este movimiento se han sumado algunos países latinoamericanos como Colombia, Venezuela, Perú y Panamá, logrando que esos géneros se paseen por el mundo y sean reconocidos y respetados.

Quizás el son y la música puertorriqueña han logrado construir un puente más efectivo que la política y la diplomacia internacional y han fundido dos islas en un abrazo que ni el tiempo ni las circunstancias podrán separar.

¡Camínalo!