Hizo de la música campesina con letras de ascendencia africana una verdadera Revolución, y pareció no darse cuenta. Magistral exponente del punto cubano no sacó a sus santos ni siquiera de sus reuniones con Fidel. Esta auténtica voz de la cubanía cumpliría ahora 93 años de vida. Nació en 16 de marzo de 1928 para la inmortalidad.

La música de los campos de Cuba, como la música campesina de todo el Caribe tiene una fuerte influencia hispánica. Guajira, Jíbara o Llanera ella representa una vertiente bien importante en el espectro de la música popular, salsa incluida mediante instrumentos, temáticas y voces.

Celina González es uno de los personajes más importantes a la hora de estudiar la incidencia de la música guajira de Cuba en el entorno caribeño, y más allá. Ella revolucionó su propio género musical al incorporar elementos de la música de herencia africana al Punto y la Guajira.

El Changó de Celina

Siempre tuvo el sueño de presentarse en Venezuela, y no lo logró. Es algo inaudito porque la querencia del venezolano por Celina González es grande en verdad. Es Celina, la de Cuba, la de Santa Bárbara Bendita o Changó, la Reina del Punto Cubano.

Siempre tuvo una Cayena en sus cabellos y en los últimos tiempos la acompañaba en todo Lázaro, su hijo, a quien nadie llamaba por su nombre sino por el del padre, ya fallecido, Reutilio. El hijo hizo dúo con ella y con el nombre del padre no se perdió la tradición: Celina y Reutilio. Pero era Lázaro.

En extensa conversación sostenida en La Habana, Celina respondió las preguntas formuladas por Lil Rodríguez.

¿Qué es ser guajiro?

– Ser guajiro implica una doble modalidad. Yo soy guajira porque nací en el campo, y soy guajira porque mi modo de ser se corresponde con las formas del campesino cubano.

¿Dónde naciste?

– Yo nací en el sector que llamaban ‘La nueva Luisa’ en la población de Jovellanos, en la provincia de Matanzas. Y de una vez te voy a decir mi fecha de nacimiento porque eso para mí no es problema. Nací el 16 de marzo de 1928. Jovellanos está cerca de la Bahia de Matanzas. Fue un privilegio nacer allí, entre el mar y el valle del Yumurí, nacer entre los mitos africanos y el sabor del guateque, la fiesta de los campesinos, la descarga guajira, el sabor del agotamiento al compás del punto.

– Soy Matancera, pero siendo muy pequeña mis padres Gregorio González y Benita Zamora me llevaron para Santiago de Cuba.

– Crecí al calor de Santiago de Cuba, entre viejos trovadores, viejos soneros, en la calidez de ese pueblo. Santiago fue siempre un hervidero de ideas revolucionarias, de un todo revolucionario, y no sólo en la política. En Santiago se me viró la vida junto con el paisaje. Allí aprendí a amar el significado del relieve de la Palma Real sobre el horizonte.

¿Cuándo empezó tu actividad musical?

– Comencé cuando ya casi iba a cumplir los 20 años. Claro, hablo de comienzos profesionales. Antes yo hacía mis cositas en los guateques, y luego en los toques de Santiago. Yo lo que cantaba, eso sí, era Punto Cubano.

– El punto cubano es música campesina de raíz española, con fuerte influencia andaluza transformada en tierras de Cuba. Se ejecuta con acompañamiento de Tres, Laúd, Guayo, Clave y Güiro. Tiene mucho que ver con la Décima y con la Tonada, y según la zona donde se cante adopta otras modalidades.

– Ya para cumplir los 20 años llegué a la radio llevada de la mano de un joven que se transformaría en mi novio y luego en mi esposo, pero que comenzó solo siendo mi compañero de trabajo, Reutilio Domínguez, guitarrista nacido en Guantánamo, quien hacía conmigo un dúo que se llamó así: “Celina y Reutilio”. Los dos comenzamos en una radio de la provincia de Oriente, en la ‘Cadena Oriental’. Logramos, más que éxito, notoriedad. Se sentía lo que hacíamos. Así lo sintió Ñico Saquito, nuestro gran impulsador hacia toda la isla. Ñico era ya una leyenda y él nos descubrió en la radio. Logró que hiciéramos unas grabaciones en la emisora, y él mismo las tomó y se fue para La Habana a fin de que las escuchara Laureano Suárez, el popular “suarito”, por aquél entonces uno de los más populares locutores de Cuba. Y fíjate. A Suarito le gustó el trabajo que hacíamos y decidió contratarnos por una semana. Fue así como Reutilio y yo, apadrinados por Ñico, viajamos desde Santiago hasta La Habana.

¿Habías estado antes en La Habana?

– No. Y la verdad fue que me impactó no solo por su estructura sino por el movimiento que había en ella. Yo me dije que a lo mejor no lográbamos nada, de tantos grupos buenos que

había allí. No la conocía. Mi viaje fue de Matanzas a Santiago y de Santiago a La Habana

Que viva Changó

¿Cómo fue esa llegada a La Habana?

– Espectacular. Si en Santiago se me cambió el paisaje, en La Habana se me cambió la vida, gracias a un sueño.

¿Un sueño?

– Sí. Un sueño. Resulta que cuando llegamos a la ciudad Reutilio y yo nos alojamos donde una gente amiga y nos acostamos a dormir. Era nuestra primera noche habanera. Estando yo dormida se me apareció Santa Bárbara Bendita en el sueño y me dijo que me levantara y copiara la letra que me iba a dictar. Yo me levanté y copié la letra, como en sueños y la Santa me dio también la música. Cuando me levanté me la sabía de memoria. Nunca se me olvidó. Le conté a Reutilio y se la canté y a él le fascinó, haciéndole algunos arreglos para la melodía. decidí que con esa canción haría mi debut radial en La Habana.

¿Estabas ya vinculada a la santería?

– Claro, Yo sabía mis cositas. Recuerda que yo soy de la provincia de Matanzas, tierra de Cabildos y de Palo Mayombe. Changó siempre estuvo defendiéndome. No en vano es defensor de los músicos.

¿Qué pasó con el tema?

– Lo que tenía que pasar. Recuerda que el contrato de Suarito era por una semana. El éxito fue tan tremendo que el contrato se extendió ese día inmediatamente, por un año.

Nosotros, haciendo memoria, encontramos que ese tema “Que viva Changó” es el primero que vincula la música guajira con temas de origen Yoruba, negro. Conviene recordar que la temática negra tiene sus formatos rítmicos y que la música campesina también tiene una literatura particular, bucólica, guajira, pues. Pero eso de cantarle a Changó con Laúd y Tiple.

¿No te dijo la Santa en el sueño la trascendencia y la importancia de este tema?

– Santa Bárbara no me dio una conferencia. Lo que me dictó fue la letra.

 

Se pone colorada cuando le advertimos de la Escuela musical que creó sin proponérselo. Mas ella no concede importancia al detalle y niega cualquier mérito para sí misma.

¿Y entonces, cuáles son tus méritos?

– Mi mérito está en haber nacido en Cuba, ser parte del pueblo de Cuba, en ser una cubana patriota, una guajira de corazón, una mujer como cualquiera de mi país que cumple con las cosas del hogar y del trabajo. Mi trabajo es mantener y defender la música guajira. Y eso hago. y ese es mi mérito. No otro.

Ella es el Punto Cubano

¿Por qué siempre música campesina? ¿Por qué no has abordado otros géneros teniendo facilidades y escuela?

– Yo decidí que iba a cantar música campesina, Punto y Guajira porque en La Habana, cada vez que buscábamos un contrato para locales nocturnos nos trataban despectivamente cuando decíamos que lo que tocábamos era música guajira. Fue cuando yo decidí que mi vida sería para realzar esa música cargada de epítetos, por campesinas que éramos las dos.

– Yo asumí mi música campesina y con ella asumí a mi pueblo. Compuse “Yo soy el punto cubano” por eso y como una respuesta a la onda alienante que estaba posicionada en la radio cubana de entonces. Decidí que iba a protagonizar el tema y me alcé con el Punto Guajiro como género musical. La bofetada tuvo su efecto. A la radio se le había olvidado que en Cuba los campesinos somos mayoría. Y todos respaldaron la pieza.

O sea que los motivos patrióticos dentro del punto también fueron recreados por ella, la mujer de la flor en el cabello, la guajira de Jovellanos que igualmente le cantaba a Yemayá como a Elegguá. En “Yo soy el punto cubano” Celina hace todo un canto de cubanía pegándose a la historia del Mambí, del luchador campesino contra los españoles, pegándose a la Palma Real que tanto la impresionara en Santiago de Cuba, pegándose a su Bandera y a Martí, que ya es mucho decir.

 

Este tema, clásico entre los clásicos de la música popular cubana hace alusión directa al ancestro musical y revolucionario. Celina nunca se fue de Cuba. La nostalgia no es precisamente su compañera. Ella, al triunfo de la revolución optó por los contenidos.

– Yo viví las atrocidades de la otra etapa y sufrí el desprecio para mí y para mi música. También padecí los rigores del bloqueo, pero prefiero la penuria compartida que la ausencia de mi dignidad, de mi paisaje y mi gente. Y mira que he pasado calenteras, que me he ‘encabronado’ más de una vez con las cosas que pasan. Bueno, me he molestado mil veces, pero entiendo que no es culpa de la revolución sino de los hombres que la hacemos.

Celina habla de sus santos y es enfática en señalar que nunca ha renegado de su fé. Contó que una vez fue invitada por Fidel a una recepción en el Palacio de la Revolución, pero, al llegar toda vestida de blanco, con sus collares y su turbante, el guardia no la dejó pasar.

– Tuve que armar un escándalo grande. Tan grande que el mismo Fidel tuvo que salir a buscarme. De paso me pidió que le cantara ‘Que viva Changó’. Nunca he quitado las imágenes de los santos de mi casa, ni mis ‘soperas’. Entiendo que esta revolución se hizo para todos, santeros y no santeros.

Celina ha recibido homenajes en muchos países. En Colombia es un verdadero ídolo. México la recibe con mucho cariño, al igual que España, Perú y Alemania.

Estuvo en Estados Unidos con Benny Moré y tam

bién con Barbarito Diez. Fueron exitosas sus giras a Londres, París y Atenas.

¿Consideras que tienes relevo, Celina?

– Ahí está el trabajo de mi conjunto ‘Campo Alegre’, y el de ‘Palmas y Cañas’. En Cuba hay muchos grupos de música campesina, No son todos los que yo quisiera, pero hay. Y hay buenos cantantes como Luiba María Hevia. Hay relevo.

¿No piensas experimentar con tu música?

-Ya te lo dije. Lo mío es música guajira. No me veo cantando boleros. Claro que uno a veces se presta para algunas cositas. por ejemplo, grabé un disco con Adalberto Alvárez, con su orquesta, no con mi conjunto. Y la música guajira suena bien con esos instrumentos. Por lo menos Adalberto la hizo sonar bien. Junto a él estuvieron Pancho Amat, Gonzalito Rubalcaba, Richard Egües… unos bárbaros. Fuera de cosas como esa, no me planteo cambiar.

Produjo más de 40 discos, con los que obtuvo varios premios, entre ellos el disco de Oro de África y los más altos honores de la música en Cuba.

Celina González le abrió un boquete histórico a la música de su país en la vinculación campesino – yoruba y siguió por ahí, como que si nada.

Nació en Jovellanos, Matanzas, el 16 de marzo de 1928.

Falleció el 4 de febrero de 2015, a los 87 años cubierta por el afecto inmenso del pueblo cubano.

El 20 de octubre de ese mismo año, en el Día de la Cultura Cubana, fue develada su escultura en el ya legendario Museo de Cera de la ciudad de Bayamo, en Cuba.

Fue y sigue siendo Celina González. El Punto cubano en persona.