José Lussón Bueno nace el 20 de julio de 1.948 en Mayarí Arriba (actual Segundo Frente), en Santiago de Cuba, cuna del bolero y el son.

Por los campos de Cuba puede observarse un pajarito llamado Totí, su plumaje es completamente negro, es como si usted viera a José Lussón, por eso le llaman “el Totí del Son”.

El se siente orgulloso de esa personalidad negra que le concede una fuerte tradición africana, oriental y sonera. En la juventud de Joseíto, en la década de 1.950 se escuchaba con fuerza a Benny Moré, Roberto Faz, Miguelito Cuní con Chappottín, Melodías del 40, La Aragón, Sensación, Neno González, Fajardo y sus estrellas, una avalancha de agrupaciones y cantantes que hoy en día son verdaderos clásicos de la música cubana.

“Eso es lo que me fascinaba –recuerda el Totí -, de ahí me viene esa inclinación que hoy me brota por los poros. En el Oriente de Cuba la música, sale de las montañas, de los bateyes, de los guateques, los barrios y solares. Es algo que llevan muy dentro los santiagueros y orientales en general. Una tierra musical, rítmica y bohemia”.

 La madre de Lussón era cantante. Ponía su voz en las descargas y guateques que, en el oriente cubano, llamaban changüí. Ese ambiente va influyendo a Lussón desde los 13 años, que por aquella época iba con sus amigos a cantar por las serranías, aquellas mexicanadas tan de moda por aquella época en los campos cubanos.

 “Yo era el único negrito de aquel batey y me caracterizaba desde muy temprano. Para que te voy a decir una cosa por otra, pasé mucha hambre y desolación. Pero la música aliviaba el hambre y lo ilusionaba a uno, la esperanza es el sueño de los pobres, así cantaba y cantaba, soñando cantar algún día con un reputado artista.”

 “Mis padres recogían café en las montañas. En tiempo muerto se ganaban la vida como podían en el pueblo. Yo seguía cantando en el Oriente para matar el tiempo donde la gente es muy divertida”.

Es en 1.963, cuando Joseíto comienza sus estudios de música de la mano del maestro Daniel Bistel. “Empecé como aficionado participando en festivales, lo cual me hizo ganar un galardón. Después me llevan a cantar al Festival Nacional de Aficionados de la Habana, en el teatro Amadeo Roldán”.

En los años comprendidos entre 1.966 y 1.969, se marcha a cumplir el Servicio Militar como artillero de tanques, pero Lussón nunca abandona su vocación. “Cuando iba en el tanque recordaba canciones de mi adolescencia: baladas y pop español que tanto se difundieron por Cuba en aquella época, de artistas como Raphael, Nino Bravo, Massiel, Julio Iglesias, Los Mitos, Los Brincos, Los Angeles, …”

Cuando Lussón termina el servicio militar, quiere recuperar el tiempo y decide unirse a varias agrupaciones con el fin de recoger toda la experiencia posible y poder formar su propio conjunto. Entre ellas se incluyen orquestas de la talla de Combo Inspiración de Luis Castel, 5 Pa´son, Típica Caribe, Típica Colorama, Conjunto Renovación, entre otras.

En 1.981, llega su gran oportunidad: es requerido por el grupo Karachi, una de las orquestas que más fuerte sonaban por aquélla época junto a Son 14 de Adalberto Álvarez con Eduardo (Tiburón Morales). “Con el Karachi canté: La Ola Marina y Eres Clara de Virgilio González, y Quiero Saber De Mis Hijos de Pablo Moya”.

Hoy día, la agrupación Karachi sigue sonando en Santiago de Cuba. Es uno de los grupos gobernantes de los bailes más populares del Oriente. Impulsores de la “champola” en los metales, que en 1.988, NG La Banda magnificó.

Karachi mantiene la agresividad de los metales (trombones) y las voces impactantes en lo que tuvo mucho que ver el Totí del son santiaguero. “La agrupación Karachi también tocaba boleros –expone Joseíto-, interpreté algunos de ellos: Sublime Ilusión (Salvador Adams), Crucigrama De Amor y Flor De Ausencia”.

Después de unos años en la Karachi, Lussón se integra en la famosa jazz band Chepín-Choven, por la que han pasado figuras estelares como Ibrahin Ferrer de 1.955 a 1.957 (uno de los integrantes de Buena Vista Social Club).

El violinista Electo Rosell junto a Bernardo Choven deciden formar su propio conjunto: la orquesta Chepín-Choven, que se mantuvo durante más de 25 años como una de las mejores de su época, componiendo ellos mismos, muchos de los temas que interpretaban en sus actuaciones, como: Bodas De Oro, Reina Isabel y El Platanal de Bartolo.

“La orquesta de Chepín-Choven siempre ha sido una meta para todo buen sonero. Allí aprendí todo lo necesario para ser un buen sonero, se cantaban sones y guarachas muy calientes, que hoy día siguen sonando en voces de grandes artistas”.

En 1.997 Lussón deja la orquesta que le proporcionó el reconocimiento y se integra en Chappottín y Sus Estrellas; una de las banderas del son, herencia de Arsenio Rodríguez, fundada y dirigida por Félix Chappottín. También canta en el conjunto de Pío Leiva, donde Lussón destaca por su afinación.