El Changüí, ancestral ritmo musical cubano, considerado célula primigenia del Son, es una fiesta de identidad, por lo que fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco.

«Pastorita tiene guararey conmigo, yo no sé por qué será».

Resulta que Baute tuvo un enamoramiento con una hija de Pastorita. Para entonces, él siempre andaba en el mundo de la música, era casado y mucho mayor que Petronila, la muchacha, lo que no le gusto a “la suegra”. Fue ese conflicto que inspiró la canción. Con los años, él coincide con los Van Van y ellos lo internacionalizan, y promocionan el ritmo.

Por muchos años se creyó que Pastorita era imaginaria, hasta que el periodista Pablo Soroa la descubrió en el Uveral de Yateras.

— ¡Ay, la Pastorita de aquellos tiempos! Dondequiera que había una rumba ya fuera en El Sigual, Beltrán, Boquerón… en cualquier rincón de esas lomas de Yateras, donde nací y me crie, para allá iba; eso lo llevo en la sangre: mi madre, Leonor Sayús, era muy changüisera, aprendí a bailar con ella. Yo bailaba sin parar, cuando había fiesta, ni comía, ni dormía. Era una locura, mientras más bailaba, más ganas me daban de seguir. El hombre que bailaba conmigo, no me soltaba.

Nacida en Boquerón de Yateras en 1916, la guantanamera había cumplido los 50 cuando la canción devino en himno para los bailadores y su autoría comenzó a discutirse en el Tribunal provincial, que concluyó -en 1976- adjudicada a Roberto Baute, el compositor.

“Él era un negro alto, muy elegante, que halaba una guitarra endemoniada y con su pico de oro era capaz de seducir a cualquier mujer”, dijo sobre el autor, Pastora Yuani Sayú, la inspiradora del clásico Guararey de Pastora, quien murió en Guantánamo a los 97 años de edad.
Cuando le preguntaban por el tiempo aquel, decía: – ¡Lo más grande!, las fiestas duraban días, se tocaba sin parar. En el tiempo de antes, el changüí sí era changüí, no como ahora que los rumbones son más módicos.  Yo, de salud muy bien, aunque ya no veo, pero siempre con ganas de bailar changüí.

 

¿De donde son los cantantes?

Nace en las lomas de Guantánamo a mediados del siglo XIX  y se convierte en una pasión al compás del tres, el bongó del monte, la marímbula, el guayo y las maracas.

Para el destacado músico Rafael Inciarte, la preferencia por el género fue en ascenso durante las fiestas campesinas changüiseras. En Yateras, El Salvador, Manuel Tames, montaña arriba. “Ahí fue germinando un fenómeno, que hoy alcanza altos niveles de popularidad. En esos espacios -relata- se podían apreciar importantes músicos de la talla de los hermanos Arturo y Chito Latamblé, dueño de una gran destreza al ejecutar el tres; y Elio Revé Matos, entre los principales difusores de ese estilo musical y que lo llevó a los escenarios habaneros y del mundo”.

 “Se observa tanto entusiasmo entre quienes lo bailan y lo interpretan, que sobresale la fuerza y vitalidad de un género legítimo de Guantánamo, pero que al mismo tiempo es de Cuba y del Caribe”, destacó la musicóloga en su conferencia Elementos primigenios del son y su relación con otros géneros del Caribe. Una escalada hasta las cimas del changüí, tan propio de esta región, apreció la Doctora María Teresa Linares, prestigiosa investigadora de la música, ya fallecida.

La experta reveló que pese a sus largos años estudiando estos temas, “en una presentación changüisera, descubrió que con este ritmo, ocurre una especie de inspiración personal de cada bailador, que baila al compás del tres y no del bajo, como es frecuente en otras sonoridades, lo que lo distingue de la colectividad”. Linares, hizo una disertación acerca de los elementos rítmicos de origen africano y español, distinguibles en el son cubano, así como en otras expresiones músico-danzarias, como es el caso del propio changüí, el sucusucu, el nengón o el kiribá.

“El changüí es un asunto de familia”, precisa el investigador José Cuenca Sosa, lo que ayuda a entender por que el género perdura. “Porque se ha transmitido de generación en generación, y el guantanamero se identifica mucho con todo eso”.  Actualmente existe una comunidad changüisera. “Se percibe alrededor de las competencias que se realizan de los diferentes instrumentos empleados para interpretar el género, y ha ido nucleando no solo a músicos, compositores y bailadores, sino a investigadores y al público en general”.

El 2×4.

Si aparecía un tresero, se formaba el Changüí. Después se iban sumando los músicos y la gente. Ahí mismo comenzaban las competencias entre treseros y bongoseros, en una fiesta que sólo se sabía cuándo empezaba. Duraban dos, tres días o una semana sin parar. El que llegaba se ponía con algo. Se asaban puercos, se cocinaban gallinas, frituras de bacalao, viandas, dulces, mientras cientos de botellas de ron y vino, le aportaban ese extra a lo cubano. Los que se cansaban, tenían las hamacas debajo de los árboles, fundamentalmente en la navidad, noche buena, fin de año y fiesta de santos. El jolgorio se formaba en el bohío de algún compadre, hasta que se decidía seguir en casa de otro “compay”.

Los changüiceros se vanaglorian de poder tocar cualquier género de la música cubana, pero no sucede así al contrario, insisten. No quieren confusión, no se parece al Son. Tienen identidades diferentes, el Changüí tiene exclusividad en su forma. El bongó hace sus travesuras, entre los acordes del tres y la marimbula. El bongó tiene el “macho” a la derecha, porque si no, no te sale. Tiene su clave y su marca. La marimbula hace el papel de bajo, pero no lo es, su toque es específico. Como las improvisaciones son permanentes, hace el ritmo versátil y colorido.

El tresero toca sincopado, más que en el Son. La manera de improvisar es pausada, no se mezcla con el coro, ni se alarga la frase. El tresero está obligado a decir, lo que dice el cantante. Es dúctil para cualquier formato musical.

Su compás es de 2 x 4, con letras de los cantos ocurrentes, de acuerdo a las inspiraciones del cantante. La copla o la expresión realizada por los integrantes del grupo suceden al unísono. El montuno, donde un solista lleva la guía, realizando las improvisaciones, hasta alternar con el coro, que corresponde al estribillo.

Pero el Changüí se canta y se baila a la vez. Los bailadores te advierten que es sencillo, si te lleva bien el hombre, por lo que sólo te deslizas. Aunque tienes que llevar el tiempo musical con la marimbula, arrastrando los pies por el piso.

Para bailar un buen Changüí “asincopado”, con ese ritmo tan arriba, no puedes levantar los pies y eso le cuesta a la bailadora. En un momento hay un “tumbaito” cuando vas a cambiar de figuraciones y es el hombre quien te traslada, por eso es tan buena la relación entre los bailadores. La pareja se ve muy erguida, elegante. Pero todo el mundo no lo puede agarrar, porque está conectado a ritmo de tu sangre, de tu esencia.

El asunto es con el tres, la marimbula y el bongó de Changüí, que es más primitivo. Después llegó el del Son, insisten. Ahora todos lo quieren tocar, pero que no se les olvide que es de Guantánamo y que hay que aprender a tocarlo aquí.

 

Patrimonio

El ancestral ritmo musical cubano, considerado célula primigenia del Son, fue declarado oficialmente como Patrimonio Cultural Inmaterial de la nación cubana.

Sucedió en  2018, durante una ceremonia pública en la popular barriada de la Loma del Chivo, cuando otra vez fueron recordados los que aparecen en la historia del Changüí.  “Chito Latamblé , Antonio Cisneros «Ñico ya», Eduardo Goulet, conocido como «Pipi el rey del Changüí en Yateras» y director del Grupo Estrellas Campesinas. Asunción Gainza, de las mejores treseras de su tiempo, María Guevara, quien deslumbraba con el bongó o Roberto Baute por El Guararey de Pastora.

Ocurre sin olvidar a la singular bailadora Evelia Noblet y al carismático Saturnino Olivares «Nino». Mención reciben los más jóvenes cultores, como el guajiro Celso Fernández, la voz inconfundible de «Mikiki» y el talento de Ariel Daudinot «El Zorro». Destacados en su inestimable labor, los músicos populares de diferentes momentos históricos, con Chito, Lilí Martínez, Arsenio Rodríguez, Speck, Bauta, Juan Formell, Van-Van. Consolidado a través de los años, se reconoció la promoción del género que hiciera -en el pasado siglo- el músico guantanamero Elio Revé, quien le dio renombre internacional.

 

Los guantanameros esperaron el anuncio con orgullo. Cientos de personas reunidas en las cercanías de la Casa del Changüí, bailaron con la música de las agrupaciones que interpretaban temas emblemáticos.

En la actualidad otros estilos se apropian de esta reliquia, actualizando su sonoridad para los más jóvenes.  Así aparecen la fusión con géneros tan variados como el jazz, el rap, la música tecno.

 

 Changüí online

A tenor de la pandemia, la celebración se hizo de todas formas a través de las redes sociales. Porque 75 años, no son pocos festejaron así la creación del Grupo Changüí Guantánamo, emblemático representante del ritmo patrimonial de la nación cubana, y rindieron tributo a los cultores de la sonoridad campesina, en el primer Festival online del Changüí.

Con gran alegría, la comunidad de artistas de la música changüisera, acogieron el anuncio oficial de la nominación a los Latin Grammy del más reciente producto discográfico del grupo Changüí Guantánamo, embajador por el mundo de un ritmo autóctono y bicentenario.

El Changüí gusta en cualquier parte del mundo. Tal sensación la han experimentado en países con tradiciones culturales tan diferentes como Estados Unidos, Bélgica, Holanda, Francia, España y Reino Unido. Aunque, aún muchos tratan de encontrarle similitudes al Changüí y al Son, disfrutar de Changüí Guantánamo, es una experiencia. En sus presentaciones, muestran que también existen muchos puntos en los que ambos estilos se diferencian.

El CD/DVD Este es nuestro Changüí, es la quinta producción del emblemático conjunto y compitió en la categoría de Mejor Álbum Tropical Tradicional, entre más de 18 mil inscripciones, en 53 categorías.

Con el sello discográfico Siboney, de la EGREM, presentan un instructivo documental y once piezas musicales de la autoría de José Andrés Rodríguez, director y voz líder del grupo. El disco contiene  la colaboración de estrellas de la música popular cubana, como el maestro del tres Pancho Amat y los músicos del afamado Septeto Santiaguero.

Atendiendo a la situación actual, el disco fue presentado oficialmente en Internet y estará disponible en mayo 2021 en las plataformas virtuales de música: Spotify, iTunes, Deezer y YouTube y en Facebook.

Changüí Guantánamo fue fundado el 11 de agosto de 1945 y conto con el bongosero Arturo Latamblé y a su hermano Chito (tresero), así como al marimbulero Pedro Speck. Es una de las agrupaciones emblemáticas de la ciudad de Guantánamo, desde donde las demostraciones en vivo y grabadas del Festival del Changüí, permitieron una amplia participación de treseros, bongoseros, marimbuleros y parejas de baile.

La convocatoria al Changüí más largo estimuló a los bailadores a través del ciberespacio, algo impensable en otras circunstancias. También se generaron disertaciones y entrevistas audiovisuales al conjunto Sincopa 1 y a Yelsi Heredia y la agrupación Zona franca.

El investigador norteamericano Benjamín Lapidus, se vinculó a la celebración a través de internet. Su amplia labor etnográfica le ha permitido publicar el libro Origins of cuban music and dance Changüí. El doctor en Musicología de la Universidad de Nueva York, ha dedicado su trabajo a la cultura cubana y caribeña, que disfruta desde la infancia.

De gran valor histórico ha sido considerado el documental Nuestro Changüí. Dirigido por los realizadores cubanos David Hernández y Enrique Alonso, con guion de los investigadores guantanameros Yaremi Estonel y José Cuenca Sosa, conquistó el premio a la mejor dirección en el XVIII Festival de Música Independiente (IMAs) de Nueva York, Estados Unidos.

El audiovisual sobresalió en la categoría Long Form Music Video y aborda la historia contada a través de los músicos e investigadores del género patrimonial, desde las canciones, imágenes de Guantánamo y entrevistas a figuras como Pancho Amat, André Fistó Cobas (Tabera), Rosa Chacón del Río (La Chacona), Orlando Cisneros, y Armando Rey Leliebre (Yu). El documental significa un gran aporte de carácter etnográfico, porque permite comprender la representación y asimilación por parte del pueblo, del género montuno, orgullo de la cultura cubana y latinoamericana.

 

Las raíces

Partiendo de los toques ancestrales de origen africano, podemos comparar Sucu sucus y Changüís, ritmos de los extremos geográficos cubanos. Afirmó la investigadora Maria Teresa Linares, fundadora del Instituto de Etnología y Folklore y directora del Museo Nacional de la Música en Cuba.

“En primer lugar, la estructura solo-coro, luego el tumbao o tango, expresada por la cuerda pulsada, elementos que suman así el antecedente africano en lo rítmico y el historial hispánico en el timbre. La guitarra española o el tres, ejecutan un ritmo africano”.

Similar en su sencillez, es un Changüí tomado de un disco realizado por el investigador Odilio Urfé y presentado en un festival de música en 1962. Se evidencia cómo en el montuno, el cantor solista pisa el coro al adelantarse. El tumbao básico lo realiza el tres y el bongó, realizando figuraciones rítmicas libres. Es un grupo muy antiguo que reproduce la forma original del Changüí, que ha cambiado notablemente al comercializarse. La musicóloga cita la partitura: “María Guevara”, Changüí de Guantánamo.

Para que reconozcamos nuestra imagen identitaria, es necesario tener presente los elementos culturales de las raíces aborígenes, de las culturas de dominación, la española, principalmente, y de los aportes de la raíz africana, trasladada ésta a la Isla (Cuba) mediante la trata esclavista, en la que también vinieron diversas etnias del lejano continente.

El hilo conductor en la música popular, es el elemento identitario que da vida y razón de ser. Géneros de los cercanos pueblos del Caribe, representados por esta alternancia de solo y coro, la estructura antifonal que constituye el estribillo. Es la estructura rítmica que se bautizó por los músicos españoles, como ritmo de tango –se conoció como tango de negros-, al toque de tambor ritual de algunas etnias. Justamente por la transculturación, lo encontramos en la base armónica de casi todos los géneros bailables cubanos y caribeños, con las modificaciones que establece el tiempo o la expresión nacional de cada pueblo del Caribe.

Alejo Carpentier, gran novelista cubano y estudioso de la cultura, señala este esquema como “un elemento de estilo de origen africano”, “que lo encontramos lo mismo en una habanera, con un tempo andante cantabile, que en una contradanza o en una conga de Cuba”

Podemos establecer un paralelo entre una Plena, un Changüí, un Sucu sucu, un Round dance, un Porro, una Cumbia y un Merengue, con los sones primitivos que se cantaron en la Sierra Maestra y en la cuenca del Cauto, provincia de Oriente. Esta hipótesis está apoyada por el musicólogo y etnólogo, Argeliers León.

Resulta importante para los caribeños que se haya instalado en La Habana, en 1906, la primera agencia distribuidora de discos para toda Latinoamérica. Las primeras grabaciones de discos de ortofónica se realizaron con artistas cubanos, con canciones, danzones, puntos cubanos y otros. Por esta razón mercantil, la música fue conocida en todo el Caribe y en toda Iberoamérica. Pero esto no sucedió tempranamente con el Changüí, que por razones diversas, se quedó como reliquia amorosamente cultivada en Guantánamo, lo que aumenta su valor cultural.

El Changüí, ancestral ritmo musical cubano, considerado célula primigenia del Son, es una fiesta de identidad, por lo que fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco.